Que Netflix no elija por ti
Breve guía para usar Letterboxd como herramienta contra el scroll infinito
Las 22:00. Tras un día duro de trabajo, por fin puedes retreparte en el sofá de casa, a un par de metros de la tele, decidido a ver una película. Hoy el móvil no te va a atrapar, te lo has prometido, porque no quieres que te pase otra vez eso de pegarte dos horas haciendo swipe up en Instagram viendo vídeos de recetas coreanas y de gatos monísimos. Así que dejas el teléfono lejos y enciendes la tele. Pagas un par de plataformas, pero hoy vas confiado a probar qué hay en Netflix, que para algo el mando de tu tele viene con un botón dedicado. Entras, ¡ta-dum! (¡coño, qué susto!), y empiezas a explorar.
Evitas las series, hoy quieres pelis, y empiezas a moverte por el catálogo. Uy, este cartel pinta bien. Nada, demasiado larga. Miras las tendencias de ahora. Uy, esta. Ah, no, francesa, hoy no me apetece. Esta puede que sí, está en “Te puede gustar”. ¿Te apetece a ti, cariño? Nah, mejor la otra, ¿no? ¿De este actor no había una que queríamos ver? ¡Ah, sí, aquella que hacía con aquella otra actriz…! Miras… ¡ah, no, esa parece que no está en Netflix! ¿Cambiamos a HBO a ver si hay otra que nos apetezca? ¡Venga!
Pasas una, pasas otra. Entras y sales de fichas. Empiezas una y a los cinco minutos la quitas porque sientes que podías haber elegido mejor. Ves un puñado de tráilers automáticos en los que no has clicado pero que han aparecido, y… cuando te quieres dar cuenta, ha pasado una hora y ya es demasiado tarde para empezar una película. Ya no ves nada, que mañana hay que madrugar. Recoges el móvil del mueble y te vas a la cama, un poco decepcionado por no haber podido elegir algo concreto, por haber estado navegando por menús más tiempo del recomendable. Tus plataformas, eso sí, han estado sesenta minutos registrando todos tus movimientos con el mando: qué clics has hecho, cuánto tiempo has aguantado en cada ficha de título, qué has empezado a ver y cómo y cuándo lo has parado…
Esto, desgraciadamente, me ha pasado más veces de las recomendables, y sé, porque forma parte de la conversación habitual, que también pasa mucho en hogares ajenos. Por eso, desde hace un tiempo, para romper estos bucles uso Letterboxd, y hoy en este Kiribati me gustaría enseñaros de forma sencilla (casi a modo de tutorial), qué es y cómo utilizo esta “red social” para agilizar el proceso de elección y, sobre todo, cómo uso sus opciones para decidir de forma mucho más soberana qué veo y cuándo lo veo.
No quiero que Netflix decida por mí.
¿Qué es Letterboxd?
Letterboxd es una especie de red social para cinéfilos. Una con una base de datos amplísima, alimentada a partir de TMDb, en la que puedes consultar prácticamente cualquier película que haya existido. Sirve para organizar lo que quieres ver, recordar lo que has visto, seguir a gente cuyo criterio crees que te puede interesar e incorporar filtros a cualquier búsqueda. Pero Letterboxd no piensa por ti; te deja que, con sus herramientas, tú mismo construyas una forma propia de decidir. Es como Filmaffinity o como IMDb, pero a mi juicio funciona mucho mejor. Principalmente porque está hecha por y para amantes del cine.
En su web también hay rankings, tendencias, métricas de popularidad y rituales propios del postureo y la performatividad de nuestros días de deriva digital, pero la diferencia entre elegir desde aquí o elegir desde el catálogo de una plataforma es abismal.
Abrirse una cuenta es sencillísimo, gratuito1 y muy rápido. Una vez que te la has hecho, Letterboxd te permite, a grandes rasgos:
Llevar un registro de lo que vas viendo (si ya usas otra plataforma, puedes importar tus datos; yo lo hice desde Filmaffinity).
Escribir reseñas (que en Letterboxd suelen ser, por norma, más breves que en otras redes cinéfilas, aunque no hay límite).
Puntuar cada película sobre cinco estrellas (puedes puntuar con medias estrellas, no es como Goodreads).
Compilar listas y/o ver listas de otros usuarios. Letterboxd tiene una cantidad de usuarios gigantesca y muy activa, con listas de prácticamente cualquier cosa que te puedas imaginar.
Añadir películas a tu watchlist, una lista especial dentro de tu perfil en la que las películas irán desapareciendo de forma automática conforme las vayas viendo o puntuando.
Destacar en tu perfil tus cuatro películas favoritas.
Todo esto es, más o menos, similar a lo que ofrecen otras redes parecidas, pero el diseño de Letterboxd está especialmente cuidado y tanto web como sus apps para dispositivos móviles funcionan mejor que ninguna otra, por cómo están organizadas y por los pequeños detalles que ahora os contaré y que vamos a utilizar a nuestro favor.
¿Cómo usar Letterboxd para ganar en soberanía cultural?
Ninguna herramienta digital, por sí sola, es emancipadora. Eso es algo que debemos tatuarnos. Todo depende siempre de las lógicas de uso que nosotros mismos decidamos emplear. Abrirse una cuenta en otra aplicación para limitarse a replicar el consumo compulsivo o la inercia de la acumulación de tareas pendientes no nos hace más libres. La verdadera disrupción frente al diseño extractivista de las plataformas de streaming (un diseño que sabemos que nos quiere pasivos, agotados y escroleando frente a la “infinitud” de los catálogos) reside en utilizar servicios como Letterboxd como andamiaje para recuperar nuestra agencia. No se trata simplemente de catalogar cine, sino de generar un espacio de resistencia personal, humana e íntima frente a la dictadura algorítmica que todo lo puebla. Veamos cómo podemos traducir las funciones de esta red en estrategias concretas de uso.
Cultivar el deseo con la watchlist: Úsala para marcar todas las pelis que quieras ver en un futuro. Da igual si son nuevas, antiguas o aún no han salido. Cuando cuidas y cultivas una watchlist, estás planteando un cierto futuro de consumo cinéfilo, y eso cambia tu relación con el deseo o con el FOMO ese que tan poco nos gusta. En una plataforma de streaming, el deseo de ver se improvisa bajo la presión que impone la propia interfaz (hay que estar al día); en Letterboxd, se cultiva con tiempo empleado decidiendo qué quieres y qué no. No hace falta ver esa misma noche la película que añades, solo la pones en el radar porque algo la ha traído hasta ti: un podcast, un recuerdo, una lectura, una manía completista. Cuando llegue el momento en el que no sepas qué ver, no empezarás desde cero. Que la película desaparezca de la watchlist al marcarla como vista parece una tontería, pero no lo es, porque la lista respira, se limpia y va cambiando contigo y con tu manera de ver cine.

Cojo otra peli, la tiro por la watchlist, y ya son 820 pelis que el retrete se ha traga… Cartografiar tus propias listas (o las de otros): Puedes organizarlas por directores pendientes, ciclos personales, países, épocas, géneros o cualquier otro tipo de obsesión. Si cuidas esta parte, eres tú quien cartografía el terreno cinéfilo y quien elige de forma libre qué va a pasar por tus ojos en las próximas semanas o los próximos meses. Cuando dejamos esta tarea a las plataformas, ellas ordenan las películas por ti, pero lo hacen con otro tipo de categorías diseñadas para retenerte: por emociones, seduciéndote con productos para maratonear, porque viste algo vagamente relacionado hace años o porque les interesa promocionar un determinado producto audiovisual que les resulta extremadamente fácil producir y/o adquirir para su catálogo. Si lo haces tú en Letterboxd, tus listas responderán a tu vida y a tus intereses personales, no a la segmentación comercial de una empresa mastodóntica ni a sus lógicas algorítmicas para incrementar la facturación.
Inventariar tus posesiones (físicas o digitales): Si tienes pelis en formato físico, dedica un día a catalogarlas y mételas en una lista con la etiqueta “owned”. Letterboxd pondrá un indicativo de OWN en la ficha de esa película, permitiéndote filtrar el material que ya posees cuando busques en filmografías o en listas ajenas. Si tienes un servidor con PLEX o Jellyfin, hay herramientas (como Webtools-NG) que te permiten descargar un .csv con todo tu catálogo. Al importar esa lista a Letterboxd, sabrás de un vistazo qué tienes y qué te falta; algo imprescindible para un completista. En las plataformas las películas desaparecen, los catálogos rotan y hay peleas constantes por los derechos. Organizar lo que uno tiene también es una forma de no depender de lo que una empresa quiera enseñarte esa semana2. Por lo tanto, no deberías esperar a que la plataforma te sirva el menú, es conveniente ser lo suficientemente autónomo como para anticiparse e ir preparando la despensa.
Mapear tu historial de visionado frente a los grandes cánones: Si tienes ciertas manías completistas, Letterboxd ofrece en el perfil una sección de estadísticas que cruza tu historial de visionado con las grandes listas históricas e institucionales del séptimo arte. Puedes visualizar de un vistazo tu porcentaje de progreso en el Top 250 de IMDb, la criba histórica de la revista Sight & Sound, las ganadoras de la Palma de Oro en Cannes, las ganadoras del Oscar a mejor película, el Top de Letterboxd de cintas dirigidas por mujeres o la lista del libro 1.001 películas que hay que ver antes de morir, entre otras. Es cierto que todo esto tiene también un poco de gamificación chusca y que se puede correr el riesgo de convertir la experiencia artística en completar una fría lista de tareas solo con el objetivo de rellenar barras de progreso, pero si logramos desactivar esa ansiedad cuantitativa, la opción se convierte en una forma excelente de estar en el mundo, de conocer todo (o parte de) aquello que forma parte de “lo canónico”. Te permite dialogar con la historia del medio, visibilizar las lagunas de tu historial y utilizar el canon como un mapa para seguir descubriendo obras y corrientes que la miopía del streaming jamás te habría sugerido, porque su potencial de viralización es cero coma cero.
Filtrar por tus plataformas de streaming: Si pagas un par de plataformas, ve a la sección “Stores & streaming” de tu perfil. Indicas tu país, añades los servicios de los que dispones, y listo. A partir de ese momento, le puedes pedir a Letterboxd que solo te muestre películas a las que tienes acceso vía streaming. Se acabó la frustración de querer ver algo y descubrir que está en otro servicio. Además, este servicio de Letterboxd obtiene la info automáticamente a través de la API de JustWatch, por lo que los catálogos de las plataformas están siempre actualizados.
Navegar por hipervínculos de afinidad: Dentro de la ficha de una película, todo es interactivo: dirección, reparto, estudio, género... Si te ha gustado una película, navega por la ficha de su creador/a por si quieres ver algo más que haya hecho. Si quieres algo parecido pero no idéntico, baja hasta la sección “Similar films” (alimentada por la API de Nanocrowd), que te sugiere películas con un público similar. Es la parte más algorítmica y discutible de Letterboxd, pero funciona bastante mejor que las recomendaciones de Netflix, precisamente porque el análisis no se basa en extraer datos de tu perfil específico de consumo.
Exprimir el poder de los filtros: Es la mejor herramienta de toda la web, o al menos, la más útil para mí. En cualquier pantalla (actor, director, estudio, lista…), el icono del “ojo” te permite difuminar u ocultar las pelis que ya has visto, las de tu watchlist, las que posees, los cortos, documentales o los estrenos futuros. Puedes mezclar todos esos filtros. Puedes filtrar por década, género, o servicio de streaming (incluso marcar aquellas que no están en ninguna plataforma, que suelen ser muchísimas3). Puedes pedirle que te las ordene por duración porque hoy tu tiempo es limitado. Aquí Letterboxd deja de ser una red social y se convierte en una especie de navaja suiza para filmbros. Usar bien los filtros es una forma fantástica de potenciar nuestra soberanía, porque no siempre tenemos el mismo cuerpo para ver el mismo tipo de cine, y las plataformas no disponen de estos mecanismos tan variados de filtrado. Hay días para Bergman y otros para Jackie Chan, días donde cabe una Novecento y otros donde solo da para un breve y magnífico Kaurismäki. Y los algoritmos, afortunadamente, esto no lo saben. Con Letterboxd, todo esto se convierte en una decisión consciente: hoy quiero esto, con estas condiciones y dentro de este tiempo.
Seguir a una comunidad de usuarios con criterio: Sigo a un puñado de perfiles (amistades y críticos de cine) en cuyo criterio confío. Tampoco demasiados; no estoy aquí por los chistes que a veces plagan las reseñas dentro de Letterboxd (aunque me ría a carcajadas muchas veces). Pero cuando no sé qué ver, entro en los perfiles de mi red de contactos y aplico parte de los filtros anteriores que comentaba: comedias bien valoradas por fulanito que yo no he visto, sus clásicos preferidos, sus cuatro películas favoritas… A diferencia de las plataformas, aquí no es “usuarios como tú vieron…”. Es “esta persona concreta, con sus taritas y sus filias, ha visto esto y le ha importado lo suficiente como para loguear, puntuar o para escribir una reseña”. Hay mucha diferencia.
Acudir a su sección Journal como refugio de prescripción humana: Frente a la tiranía del algoritmo y la segmentación comercial, Letterboxd cuenta con una sección editorial propia verdaderamente rica. Lejos de ser un simple tablón promocional, funciona como una revista de crítica cultural y ensayo cinematográfico incrustada en la plataforma. Allí publican artículos de fondo, entrevistas extensas a cineastas, coberturas de festivales y retrospectivas analíticas bastante cuidadas. En una internet fagocitada por el consumo rápido y la recomendación automatizada, detenerse a leer un texto reposado sobre una corriente fílmica concreta o la obra de una directora poco conocida es otra pequeña forma de resistencia. Supone recuperar la mediación humana y el periodismo especializado como brújulas para elegir qué ver, conectando el acto de mirar una película con el de pensarla, en lugar de consumirla como un mero producto diseñado para retenerte frente a la pantalla. Estoy cansado de que el cine sea solo “contenido”.
A pesar de todo esto, no se nos debe olvidar que cada plataforma o red social de cinéfilos tiene su propio sesgo a partir de la suma de los sesgos de su propia comunidad de usuarios. IMDb tiene el suyo, Trakt también, Letterboxd, Rotten Tomatoes… cada una cojea de un pie distinto. Si eres de esos “panolis” que creen que en lo artístico hay que buscar la objetividad matemática, siempre puedes usar otro servicio como mdblist.com, un agregador que te permite generar listas cruzando decenas de filtros (muchos más que en Letterboxd) y puntuaciones de todas estas redes a la vez. Como veis, hay herramientas para todos.
En definitiva, a poco que “gastes” un par de días en bichear Letterboxd y te guste un mínimo el cine, tendrás marcadas decenas de películas en tu watchlist y un buen puñado de listas en tu haber. ¿Quieres caer en el sofá y ponerte algo? Abre Letterboxd y elige uno de esos títulos que ya habías investigado previamente. O pon una lista en modo shuffle (aleatorio) y ponte a ver lo primero que salga. No pierdas demasiado tiempo en el acto de elección, lo verdaderamente importante es ver la peli.
Por supuesto, todo esto de Letterboxd es sustituible por cualquier otro método que os funcione: una libreta donde apuntar títulos, la aplicación de notas del teléfono, vuestra memoria... Esta web es simplemente una base de datos hipervitaminada que permite indagar en la historia del cine, llevar un registro y también saber dónde está cada título en cada momento. Puede serte de utilidad. Pero si justo cuando quieres ver la peli pasas una hora dentro de Letterboxd para elegir qué ver, estaría sucediendo algo similar a la parálisis del inicio de este texto, y eso es algo no deseable. Eso sí, al menos sabemos que esta plataforma no está utilizando tu excedente conductual para luego producir series clónicas adaptadas a tus rituales de consumo, como sí pasa con Netflix.
Al final, todo esto no va (solo) de ver mejores películas; va de recuperar el gesto de elegir. Dentro de las plataformas, la coreografía de la elección es odiosa. Sus diseños están pensados para que miremos, dudemos, nos desplacemos y, finalmente, incluso abandonemos. Bajo la promesa de catálogos infinitos, muchas noches nos han dejado en estados de inacción bastante miserables. Usar servicios como este simplifica el gesto de la elección o, al menos, lo vuelve más propio, más consciente. Nos hace ganar agencia.
Así que “consejo Kiribati”, la próxima vez que te sientes a ver algo, no abras Netflix primero. Indaga en las listas que has cultivado. No mueras de sed en el vasto océano digital. No dejes que el sistema-plataforma decida siempre el orden de vuestros deseos. La soberanía cultural es algo tan simple como marcar ciertas rutas con cierta autonomía y tener la decisión firme de no regalar otra hora de vida al puñetero scroll.
Las cuentas gratuitas permiten hacer casi todo lo que en este texto os cuento. Si queréis hacer un uso algo más extensivo de la herramienta, hay que hacerse una cuenta PRO por unos veinte eurillos al año: https://letterboxd.com/pro/ (Si aplicáis algún código de descuento que se encuentran fácilmente buscando en Google, sale por menos)
Por supuesto, también hay integraciones más avanzadas, como directamente conectar la watchlist con Radarr para que tu servidor descargue de forma automática determinada película si no dispones de ella.
Como ejemplo, en una lista super amplia de suma de cánones y listas con grandes títulos, de un total de 2723 películas, solo 1411 estaban disponibles en ese momento en algún servicio de streaming de España. Toca invocar al Kiribati.









Oye, qué bueno esto. Había oído hablar de este servicio pero no sabía para qué servía. Gracias!