Menú contra el algoritmo #4 (Abril 2026)
Cine, música y algún conciertillo de KEXP... que creo que merecen la pena
Vamos con el cuarto menú, que de momento la rueda contra lo algorítmico no se para. Antes de nada, gracias a quienes pasasteis por los comentarios del menú apático de marzo: Manuel García, vicent, Jesús Martínez Sevilla, Raúl G. Rico, Samuel y Cifuliciense. Entre todos dejasteis recomendaciones que apunté en la libreta (y alguna que ya he ido catando). Se coló por ahí el dúo Angine de Poitrine, del que ya hablé en El siglo del ruido #3 y que hoy vuelve con mención especial a su actuación en KEXP; Matadero 5, de Albert Monteys; Libres antes del final, de Colleen; el documental Inside The Manosphere, de Louis Theroux; y el libro Cómo funciona la música, del dios David Byrne. Tras el menú anterior, donde reivindicaba el barbecho cultural, abril abrió con apetito pero también con mucho curro, así que vuelvo a traer un menú corto.
Mientras le daba vueltas a qué idea podría hilar el texto de hoy, recordé una de Deleuze sobre la repetición que me acompaña desde que lo leyera en mi etapa predoctoral. En Diferencia y repetición distingue entre dos tipos: una mecánica, desnuda, que aplana; y otra vestida, animada por un perpetuo desplazamiento de la diferencia. Para él, solo la segunda es repetición de verdad. La primera es solo generalidad disfrazada de hábito. Lo intento traducir a lenguaje Kiribati: para Deleuze repetir de verdad es más desplazar que duplicar, y en la rutina del calendario plataformero, de lo algorítmico, el “para ti” que clona el “para ti” de ayer, o el hit que reescribe nota por nota el éxito anterior; todo eso sería mala repetición, la del aplanamiento que dice el bueno de Gilles. Lo otro (la repetición con diferencia, esa cosa que hace el músico que toca la misma canción cada noche en sus conciertos o el cineasta que crea y piensa los mismos motivos película tras película) es lo que mantiene viva una obra, una vida. Quien cría no acuesta dos veces al mismo hijo. Quien boxea no lanza dos jabs iguales aunque entrene mil. La pareja que se reencuentra después de un susto tampoco es la misma de antes del incidente... Creo que se me va entendiendo. Si lo llevo a mi terreno, el de lo musical, no hay forma que no descanse sobre las mismas tres palabras: repetición, variación y contraste. Sin desplazamiento, es decir, sin las dos últimas: no hay forma, hay loop.
Por eso me apetece leer este menú como un pequeño tratado clandestino sobre repetir bien. Sin aplanar ni homogeneizar. Sobre lo que se gana al volver a un lugar (a una persona, a un lugar, a una canción, a un olor…) sabiendo que ya no eres el mismo que se fue. Cuatro meses haciendo estos posts paniagüescos y os puedo confesar que la única forma honesta que encuentro de defenderlos es precisamente esa: cada uno repite al anterior, sí, pero también lo desplaza. Aunque haya estructura común, idénticos no salen. Para eso ya está lo algorítmico. Algo que aquí, por si había dudas… no gusta demasiado.
Cine
Mi Idaho privado (Gus Van Sant, 1991). [Disponible en alquiler/compra o en el Kiribati1]
Quiero que vuelvas (Jason Orley, 2022). [Disponible en Prime Video]
Incontrolable (I Swear) (Kirk Jones, 2025). [En cines]
Tres adioses (Isabel Coixet, 2025). [En cines]
Proyecto Salvación (Phil Lord y Christopher Miller, 2026). [En cines]
Si la idea del menú es repetir con diferencia y desplazamiento, la sección de cine arranca con cinco películas que viven un poco en bucle: una nave en la que su tripulante reinicia poco a poco la memoria, una pareja que vuelve a encontrarse, un protagonista que cae una y otra vez en el mismo sueño, un cuerpo que repite gestos sin elegirlos y dos personas que insisten en relaciones que ya les dijeron que no.
Empiezo por el taquillazo del mes a nivel global, Proyecto Salvación. Película muy disfrutable en pantalla grande, en mi caso, después de haberlo gozado leyendo la novela de Andy Weir hace unos meses. Es grande, blockbuster, spielbergiana, y se gusta. Tiene alguna merma de ritmo en la introducción y en el cierre, demasiado esclavos del texto original, pero hay una hora y media central GLORIOSA. Buddy movie sin gravedad, muy recomendable para casi cualquiera. Uno de sus motores narrativos es, como decía, el bucle. Ryland Grace despierta sin memoria en una nave a años luz de casa, y la película avanza intercalando ese presente con flashbacks que van recomponiendo cómo llegó allí. Cada recuerdo que regresa desplaza la información que ya tenías sobre él. Mejor peli de Rocky (cute) que cualquiera de las tres Creed.
Tres adioses es lo nuevo de Isabel Coixet, adaptación del libro póstumo y semiautobiográfico de Michela Murgia, Tre ciotole (en castellano lo ha publicado Altamarea como Tres cuencos). Bien actuada, bien escrita, de las que te dejan hecho un trapo. Llena de tics coixetianos: si no te gustaban antes, aquí tampoco te van a gustar. A mí me siguen fascinando, precisamente porque son repetición autoral; Coixet vuelve treinta años después a sus motivos de siempre (la enfermedad como territorio, la voz interior, los pequeños rituales domésticos…), pero los desplaza y los adapta a los tiempos y contextos. Hay momentos hipnóticos (Alba Rohrwacher está descomunal), y trata el tema central con una sensibilidad que pocas películas sobre la enfermedad consiguen sin caer en el morbo o en el subrayado melodramático.
Mi Idaho privado la tenía pendiente de toda la vida. Pedro Gallego saca hoy mismo en Hipersónica una tier list analizando la obra de Gus Van Sant y esta en concreto sé que le encanta. Yo nunca había visto, hasta ahora, esta historia de amor y amistad (y de todo lo que hay en medio), fantásticamente narrada desde ese estado de sueño intermitente en el que vive su protagonista, en su errático camino generacional a ninguna parte. La narcolepsia de Mike Waters funciona como gran metáfora: cada caída es la misma caída, sí, pero nunca cae sobre la misma tierra. River Phoenix está sobresaliente, bastante mejor que Keanu.
La siguiente es buenísima. Fuck. Necesaria. Cunt. Didáctica. Pigs. Accesible para que la vean cuantas más personas mejor. Spunk for milk… Incontrolable (I Swear) (2025) es imprescindible (perdonadme la tontería de los tics del principio). De estructura clasiquísima, trata muchas más cosas que el síndrome de Tourette: el síndrome es el mecanismo, sí, pero la película habla del concepto de familia, del dar sin recibir, de transformar un mundo hacia un modelo más justo, de educar a quien desconoce y de vivir en los márgenes. Tiene algún momento donde una limpieza de guion no le habría venido mal, pero son muchos más los aciertos como para centrarnos en eso. Lo que hace Robert Aramayo (BAFTA a Mejor Actor por este papel, justísimo) es asumir una repetición que no se elige y convertirla, sin disfrazarla, en lenguaje propio de su personaje. Cada tic es el mismo y, a la vez, distinto. Sobre todo, por cómo los va encajando el espectador mientras los ve.
Y, por último, Quiero que vuelvas (2022) para desengrasar: comedia romántica, ligera, de fácil digestión, descubierta de casualidad bicheando por Letterboxd. Charlie Day y Jenny Slate están estupendos. Es predecible y poco rompedora, como casi todas en el género, pero te deja buen cuerpo. Por cada diez comedias románticas que veo, una o dos se salvan. Esta es una de ellas. Y enchufa también, casi sin querer, con la idea de la reincidencia que os comentaba: el motor de la peli es esa cosa tan humana (y tan cuestionable) de querer recuperar lo que ya no estaba, de intentar repetir una relación que sabes que terminó.
En Comala, comprendí
Que al lugar donde has sido feliz
No debieras tratar de volver
Música
Niños Luchando - jab/cross (2026): Vuelve el sexitano Javi Bolívar a la indietrónica de numerosos quilates. Tras un Territorio fantástico en 2023, disco al que volví mucho el año en que salió, retoma los secuenciadores, los ritmos bailables y el acento granaíno. Espero sinceramente que le vaya muy bien con este LP que deambula entre el ring y la pista (de ahí las referencias al boxeo de antes). Ojo, que hay flauta dulce (creo) en Mírame. También trazas de Kid A, un poco de LCD Soundsystem, algo de Portishead…
Canastéreo - Jazmines (2026): Una de las cosas buenas del Discord de Hipersónica es que la comunidad allí generada empieza a conocerse bien en tema filias y fobias. Tanto, que hace un mes el colega Carlos PdL me enlazó este disco (no me sonaba ni el nombre del grupo) y me dijo: "quizás te mole". Y ya te digo yo a ti que sí. Para un plazueler como yo, este disco es exactamente, perdónenme la expresión: mi mierda. Algo de psicodelia, algo de guitarreo alt, riffs pop muy medidos y mucha ANDALUCÍA bañándolo todo. Suenan menos excesivos y más accesibles que DMBK, las letras están cuidadas, y tienen un sonido que conmigo conecta generacionalmente de forma clara. Como si hubiera existido un “Canal Fiesta Radio 3” hace un par de décadas. Detrás del disco hay gente de Rufus T. Firefly, gente de Pony Bravo, y también colaboraciones con Rocío Márquez y Kike de Vera Fauna. De momento, el disco que más veces he escuchado este 2026. Camisa de flores, y pa’ la FunClub de la Alameda.
Underscores - U (2026): Otro que ha entrado fino este mes. Un disco sobre vivir online y sentirse físicamente lejos de todo el mundo, con cortes como Lovefield que son canciones de bajona con un drop en el medio que te abre el pecho. O Music o Do it por si os queréis venir arriba. Os podría contar qué es el hyperpop, o por qué es un LP muy de escucharlo con el cuerpo, pero os lo va a contar mejor Jesús aquí:
Angine de Poitrine - Vol. II (2026): Partch did it first.
Courtney Barnett - Creature of Habit (2026): Es exactamente lo que dice el título: diez canciones sobre la rutina, sus virtudes y sus trampas. Disco pequeño, cálido, consciente. Coincide curiosamente con el My Days of 58 de Bill Callahan que recomendé en marzo: dos discos hermanos sobre la cotidianidad como material poético. La cara B engancha (me gustan especialmente los cortes a partir de Mantis). Indie Rock recomendable casi para cualquier estado de ánimo. Lean a P. Roberto J., que también lo escruta mejor que yo aquí.
Brown Horse - Total Dive (2026): Qué fácil parece y qué difícil es hacer un disco tan bueno como este. Dentrísimo desde el segundo uno. Es su tercer álbum, después de Reservoir (2023) y All The Right Weaknesses (2025), y tengo que profundizar en esos dos porque me he desvirgado con la banda con este, y me ha fascinado. Javi Ramos dice que es más de lo mismo. Cuarteto de guitarras sucias, pedal steel lloroso, canciones largas, densas, oscuras. Country alternativo, americana, sonido buenísimo. Si te gusta el Springsteen de los setenta o la rama más áspera de Neil Young con Crazy Horse, este disco te va a pinchar justo donde esperas.
Autechre - Chiastic Slide (1997): Si el hilo del menú es repetir bien, tocaba colar electrónica de la buenísima. Y en ese terreno hay pocas cosas como Autechre. Revisando su discografía, caí en que nunca me había puesto entero Chiastic Slide, su cuarto LP, ya en pleno giro abstracto y áspero. Ruidazos de categoría, chapa y tuerca, trance total. Bucles que nunca son el mismo bucle, patrones que se desfasan medio paso a cada vuelta, secuencias que mutan por debajo del oído sin que sepas en qué momento dejaron de ser otra cosa. Deleuze puro: ningún compás vuelve idéntico, aunque parezca que sí. Y viene a cuento ahora que Boards of Canada acaban de anunciar Inferno (Warp, 29 de mayo) tras trece años de silencio desde Tomorrow's Harvest. De repente, apetecen mucho otra vez Aphex, BOC y, sobre todo, Autechre. Warp en bucle.
Aiko el grupo - Me están apuntando con un arma (2023): Cierro la sección de música recomendando una actuación en directo de Aiko el grupo, también en KEXP. Las tres integrantes están soberbias, y estamos todos esperando a que saquen su nuevo álbum, sin fecha de momento. Pero aprovecho para tirar del anterior, de 2023, que tras el miniconcierto me he vuelto a poner un par de veces estas semanas porque es fascinante. Once canciones en 27 minutos, con una influencia confesa de Veronica Falls, Comet Gain, Le Tigre, Bikini Kill o Juanita y los feos. Pop-punk filomelódico cantado a tres voces, con humor (negro, ácido, autocompasivo y rabioso a partes iguales) y un sentido del gancho y del ritmo soberbio. Niños furbito y niñas lo que sea es un himno y no admito discusión.
Y ya estaría. Este mes sin literatura ni videojuegos: terminé Mierdificación, de Cory Doctorow, pero ya di la turra con él en el post sobre la mierdificación de Substack y no me quiero repetir… mal, al menos. En abril, como comentaba al principio, ha habido mucho curro y le he dedicado un total de cero minutos a videojuegos, así que poco os puedo recomendar al respecto.
Aterrizo y finalizo volviendo a Deleuze. Si hay algo que estos cuatro menús me están enseñando (a mí, al menos) es que el simple gesto de apuntar en una libreta lo que te ha gustado, y luego escribirlo despacio para alguien al otro lado, es ya una forma de defenderse del tenebroso “para ti” algorítmico de cada plataforma. Es el mismo gesto que hacíamos al grabar una cinta de cassette para un amigo, o al pasarle un VHS regrabado de la tele al primo. La selección como afecto, no como métrica. La curaduría como proceso lento. Boca a boca, boca a oreja… Y sí, es repetir todos los meses o cada semana, pero el menú nunca es el mismo, porque ni el mes, ni quien escribe, ni quien lee o deja un comentario lo son. Lo que estamos haciendo aquí (o en otros mil sitios chulísimos donde la gente habla de las cosas que le gustan), con todos los flecos, es eso que comentaba: repetir con diferencia. Sostener un atolón frente a la marea homogeneizadora del mundo plataforma.
Yo seguiré apuntando en la libreta. Y si os apetece, nos vemos el último jueves de mayo para repetir menú, pero distinto. ¿Y vosotros, de qué habéis disfrutado especialmente en este mes de abril? ¿Algún descubrimiento que os haya golpeado? ¿Algo en bucle? Recomiéndame algo, déjame un comentario, que te leo.
No está en ninguna plataforma de streaming ahora mismo, búsquense la vida en los mares.






Kiribati pa mi Kiribati pa ti