Arregla esa consola vieja que tienes en un cajón
Lo retro, el DIY y el derecho a reparar a través de tres ejemplos: modificar, mejorar y alargar la vida de tu hardware es también ganar en soberanía
Hace aproximadamente treinta años mi tía Loli me regaló mi primera consola portátil: una Game Boy (la tocha, la cementerio). Venía en un pack con Tetris y Super Mario Land y, durante una temporada, se convirtió en un apéndice más de mi cuerpo: cuando no estaba jugando, estaba pensando en cuándo podría jugar. Solo tuve esos dos juegos (que exprimí al máximo) y un Donkey Kong que llegó después y que nunca me pasé del todo porque me quedé atrancado en un puzle de un nivel concreto con el que todavía tengo pesadillas.
No tuve más juegos porque con aquella consola ocurrió EL INCIDENTE. Mi hermano, siete años menor que yo, en sus tiernos dos añitos, decidió que era buena idea usar la pantalla como parche de tambor. Agarró sus baquetas, se puso a percutir con fuerza y, de repente, mi idilio con la portátil de Nintendo se terminó. Mis padres (a los que no les hacía mucha gracia la maquinita) vieron en el incidente una vía perfecta para “desconsolizar” a su hijo mayor, al menos en lo que a portátiles se refiere. Spoiler: no lo consiguieron.
Los años fueron pasando y, de una forma u otra, fueron aterrizando en casa más y más consolas: portátiles y también de sobremesa. No era yo un niño especialmente problemático ni daba demasiadas excusas académicas para abrir la vía de la prohibición: así que, a pesar de que no eran objetos del agrado de mis padres, fueron llegando poco a poco. Con el tiempo, unas sustituían a otras por desgaste o por cambio generacional. Mi madre, particularmente, no lo entendía: «pero si esta todavía funciona, ¿por qué quieres otra?» Se podía entender: si el VHS o el DVD seguían permitiendo ver películas nuevas, ¿por qué este hijo suyo le estaba diciendo que necesitaba una Play nueva para jugar a Metal Gear Solid 2, porque “el dos no sale” en la vieja?1
Y claro, las consolas que se retiraban, sobre todo si las nuevas eran retrocompatibles (es decir, que permitían jugar también a los juegos de la generación anterior), terminaban en un armario o en un cajón (en el mejor escenario) cuando no en la basura. Y así, generación tras generación.
Hace cinco años aproximadamente fue cuando empecé a preocuparme de verdad por todo esto (por las razones que os contaba en el Kiribati de hace unas semanas). Las nuevas formas de jugar (juegos como servicio, experiencias infinitas, conexión obligatoria) no me satisfacían tanto como antes. Y empecé a pensar (también a raíz de la primera paternidad) en qué experiencias de juego le podría brindar a mi hijo cuando fuera creciendo. La respuesta fue arreglar lo que ya tenía, no comprar más.
En 2019 pude, además, subsanar el daño de EL INCIDENTE. En un viaje a Japón visité Akihabara y, como buen y predecible turista jugón nostálgico, compré la misma Game Boy que mi hermano había percutido y los mismos juegos que en su momento tuve: Tetris, Super Mario Land y Donkey Kong. Todavía recuerdo vívidamente la sensación de “estrenar” mi maquinita “nueva” en un shinkansen, pasándome (por enésima vez en mi vida) el Super Mario Land.
Luego, claro, vuelves a España, enciendes la máquina y, al compararla con cualquier pantalla actual, te pega la bajona: ¿cómo es posible que estuviéramos tan enganchados a esto con lo borroso y lo regular que se ve? La respuesta parece obvia: no había otra cosa. Pero es ahora, en pleno siglo XXI, cuando esto se pone interesante si entendemos que el hardware es nuestro. Podemos repararlo, modificarlo, potenciarlo. No para convertirlo en algo premium que adorne una vitrina de exposición (que también), sino para garantizar un uso digno y alargar su vida. Y de eso va el texto de hoy: de cómo recuperar una consola vieja que tengas en un cajón y darle una segunda vida (vitaminada, mejor) sin convertir (en exceso) la nostalgia en consumo.
Reparar y conservar es competencia, ecología y cultura
Ivan Illich avisó hace medio siglo de algo que sigue siendo incómodo y que en tiempos de la IA empieza a sonar familiar: una sociedad cruza un umbral cuando sus herramientas dejan de ser herramientas y pasan a gobernarnos; cuando lo industrial expulsa la competencia natural y nos vuelve dependientes. A eso lo llamó monopolio radical: el dominio de un tipo de herramienta que expulsa alternativas y te incapacita para resolver necesidades fuera del mercado. Y ese umbral se reconoce muy bien cuando una tecnología se convierte en condición de acceso: organiza lo que puedes hacer, cómo y a qué precio; y, sobre todo, te deja sin plan B.
Por eso me interesa lo que ocurre con lo que hoy llamamos una consola retro. Un dispositivo que nació como mercancía industrial: caja negra, tornillo propietario y circuito cerrado. Pero cuando envejece (cuando se rompe, cuando el fabricante se desentiende, cuando ya no hay servicio oficial) ocurre algo raro y, para mí, valioso: el objeto cambia de estatuto. Deja de ser producto y se convierte en materia. Materia de aprendizaje, de autonomía técnica, de cuidado. Abrir una consola, limpiarla, cambiar una pieza, mejorar su pantalla o su fuente de alimentación es una forma concreta de devolverle escala humana: que no dependa de que alguien, en otro país y en otra década, decida que aún le conviene sostenerla.
Y esto, para colmo, no ocurre en el vacío. Ocurre en un planeta que se ahoga en residuos y en un mercado digital que, muchas veces, trata la cultura exclusivamente como alquiler temporal. En 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos (un 82% más que en 2010) y la tasa de recogida y reciclaje “documentada” rondó el 22,3%2. No sabría medir el impacto real de hacer lo que hoy propongo en este texto, posiblemente pequeño, pero cada dispositivo que mantienes vivo es uno menos que empujas al vertedero y una pequeña reducción de demanda de materiales y producción. También pasa en un contexto donde el “derecho a reparar” intenta abrirse hueco. La Unión Europea aprobó en 2024 una directiva para promover la reparación de bienes (que empezará a aplicarse a partir del 31 de julio de 2026)3. Es, como casi siempre cuando hablamos de la UE, un marco imperfecto y que llega tarde, pero apunta a una idea que a mí me interesa: que reparar deje de ser una carrera de obstáculos y vuelva a ser una opción razonable frente a tirar y sustituir.
Por último, pasa en una cultura, la del videojuego, que es tan frágil como sus soportes. La Video Game History Foundation y la Software Preservation Network publicaron un estudio sobre disponibilidad comercial: sus resultados apuntan a que solo alrededor del 13% de los videojuegos de nuestra historia estaban disponibles comercialmente a día de hoy, lo que deja a la mayoría fuera del acceso legal normal4. Con los juegos ocurre algo muy parecido a otras memorias culturales (lo hablábamos con el cine y los trackers): el mercado conserva lo que puede rentabilizar; lo demás, si no lo cuidamos entre todos, aunque sea desde la alegalidad, desaparece.
De moddeos y hackeos
Nota ética y legal (para que quede claro): aquí hablo de reparación, mejora, homebrew y preservación. No voy a dar instrucciones explícitas orientadas a otros usos. No es el lugar. Donde haya modificaciones, la referencia serán guías públicas mantenidas por comunidades, y el objetivo único será usar tu hardware mejor (y, cuando aplique, gestionar copias de seguridad solo del material que ya posees, incluso aunque no haya forma humana legal de jugar a ese juego5 que quieres jugar).
Poco a poco he ido aprendiendo que “moddear” o “hackear” son prácticas distintas, con riesgos distintos, y con una motivación principal: disfrutar mejor de lo que ya es tuyo. Para ordenar algunas de las pequeñas modificaciones que yo he hecho (o que quiero hacer) y que hoy os quiero contar, me sirve pensar en tres niveles de dificultad o de intervención. El primero, el más sencillo y por el que recomiendo empezar, es el que solo modifica el software: no abres la consola, pero cambias cómo funciona o qué puede hacer. El segundo es el de la intervención física moderada: abres, limpias, sustituyes componentes relativamente accesibles, mejoras la pantalla o cambias unas pilas por una batería. El tercero, el más complejo, es el de la cirugía: soldadura fina sobre la placa, recortes de carcasa, modificaciones irreversibles... Y es que cuando nos sumergimos en este mundo hay que tener en cuenta la reversibilidad (o no) de los procesos y asumir que, a partir de cierto punto, un tutorial erróneo, no leer con detenimiento o una compra equivocada puede dejar tu consola como un pisapapeles (aunque si la tenías en un cajón… esto no te importa mucho).
1ª intervención: una Nintendo 3DS (nivel fácil)
Nintendo apagó la infraestructura online oficial de 3DS el 8 de abril de 2024: se terminó el juego online y otras funciones que usan comunicación online (rankings, descarga de datos, etc.). Y ese fue el punto clave para pensar en ganar soberanía sobre un dispositivo que seguía siendo mío: mi preciosa New Nintendo 3DS podía seguir encendiendo, los cartuchos seguían funcionando, la pantalla seguía siendo la misma… pero parte de su “vida” se perdió al depender de un servicio que dejó de existir por decisión financiera de la compañía nipona. No es que mi 3DS “se hubiera quedado vieja”, es que se quedó desatendida. Y en ese desajuste (hardware que aguanta, ecosistema que se apaga) aparece una pregunta muy concreta: qué hacemos con un dispositivo que ya compramos, que sigue siendo plenamente válido, pero al que se le corta una parte por decisión corporativa y por ciclo de producto.
Mi respuesta no va de convertir la 3DS en otra cosa, ni de perseguir el “todo gratis”, sino de asumir el homebrew como cultura técnica y como mantenimiento comunitario: una forma de sostener la utilidad de una máquina cuando su fabricante ya no tiene incentivos para hacerlo. Modificar vía software la consola es alargar su vida útil, ampliar funciones legítimas (gestión y copia de partidas, personalización, herramientas de mantenimiento) y participar (aunque sea mínimamente) en una infraestructura de cuidado comunitario que, cuando los servidores se apagan, es lo único que queda encendido.
El “hackeo” de mi New Nintendo 3DS para instalar CFW fue muy sencillo. Con cualquier modelo de 3DS basta con seguir una guía para comprobar tu versión, preparar correctamente la SD, ejecutar un método de acceso que te permite elevar permisos, y dejar instalado un cargador/entorno de arranque que hace persistentes esas capacidades sin depender de parches improvisados; en el camino, lo importante es leer bien, ir documentando, hacer copias de seguridad y no atajar pasos, porque el riesgo real no es que no funcione, sino dejar la consola en un estado inestable o brickearla. Yo lo viví más como mantenimiento que como truco: al terminar, la consola sigue siendo tu 3DS, pero gana una capa de autonomía que Nintendo ya no ofrece: puedes ejecutar homebrew, eliminar el bloqueo regional, personalizar el menú, aplicar mods a juegos, editar/respaldar/restaurar partidas, emular sistemas antiguos, volcar tus cartuchos para uso digital y personal, volver a jugar online gracias a proyectos como Pretendo Network, aplicar mejoras de comodidad (temas, herramientas de sistema, utilidades de diagnóstico)… En definitiva, alargar la vida útil de un hardware que el fabricante ha dejado atrás6.
¿Qué necesité?
Una simple guía a seguir (se adapta según tu modelo) para instalar el custom firmware Luma3DS, una modificación completa del software del sistema, equivalente a tener permisos de administrador, que te permite usar la consola según sus capacidades reales, no solo según las limitaciones que impone Nintendo. Tras la instalación se añaden utilidades básicas (instalador de paquetes, gestor de partidas guardadas, tienda de homebrew) y, algo clave, se crean copias de seguridad de archivos críticos del sistema para reducir riesgos y facilitar recuperación si algo sale mal en el futuro.
2ª intervención: una Game Boy (nivel moderado)
Como comentaba antes, me traje una Game Boy de Japón y, tras pasar una temporada con ella en estado original (lo justo para saborear el “así era”), me decidí a intervenirla para que volviera a ser usable en el presente. Le hice tres cambios muy concretos: sustituí la pantalla original por una IPS retroiluminada, reemplacé las cuatro pilas AA por una batería recargable, y me hice con un EverDrive-GB X7 de segunda mano para cargar copias de mis juegos (ejem) y tener save states (puntos de guardado) como si estuviera en un emulador. No cambió la jugabilidad, ni la ergonomía del dispositivo, ni los botones o la cruceta: cambió la fricción con el presente. La misma máquina de siempre, pero sin la parte más ingrata de ser antigua; con esas mejoras quality of life que, una vez las pruebas, cuesta mucho volver atrás.
Y el proceso, en realidad, tuvo poca epicidad y mucho método: antes de tocar un tornillo me apoyé en una guía de desmontaje para abrir la DMG con orden y sin improvisar (tornillería, placa, cableado, limpieza básica con isopropílico…). A partir de ahí, la instalación de la IPS fue simplemente seguir paso a paso su propio tutorial, alinear bien el marco en una nueva carcasa para no tener que cortar la original y comprobar que todo estuviera en su sitio (incluida una rueda lateral que ahora controla el brillo y el volumen) antes de cerrar del todo. La batería recargable fue mucho más simple: un mod autoinstalable que encaja sin más, retirando los muelles del compartimento y ajustando el plástico donde hace falta para que quedara estable. Lo último, el EverDrive, lo dejé listo de forma casi administrativa: microSD en FAT32, carpeta del sistema en la raíz desde el soporte oficial de Krikzz para tener la última versión del firmware y, ya en consola, solo queda comprobar que los juegos cargan del mismo modo que lo hacen con su cartucho original.
¿Qué necesité?
Kit de FunnyPlaying de pantalla IPS para Game Boy DMG (Yo lo compré en AliExpress, también he visto que está disponible, sin paso por aduanas, en RetroReiz).
Módulo de batería CleanJuice listo para DMG (Igual que el anterior, comprado en AliExpress, disponible en RetroReiz).
Everdrive X7 (Lo compré de segunda mano a través de eBay. Hay modelos más económicos (X3 y X5) que, aunque tienen menos prestaciones, funcionan fenomenal. Hay que tener cuidado con no comprar clones, que aunque pueden llegar a servir, su resultado no es el mismo del modelo de Krikzz (distribuidores oficiales).
Tercera intervención (futura): una PlayStation (nivel difícil)
La primera Play fue la consola de mi infancia y el inicio de la adolescencia, posiblemente el cacharro al que más he jugado en mi vida. Y lo que tengo en mente para mi vieja PlayStation (la PS1 “tocha” o PSX) es una intervención doble: primero matar la dependencia del lector óptico (maltratadísimo de tanto uso como le di en su día) y, después, domesticar la salida de vídeo para que la señal no dé pena en un monitor actual. Para lo primero, la ruta más limpia, por lo que he estado investigando, es un ODE que sustituye el lector por un método de carga desde microSD: el más usado suele ser xStation, que reemplaza el CD-ROM por una ranura microSD y un sistema operativo propio. La clave aquí es documentarse bien antes: identificar modelo/placa, asumir que es una modificación compleja, de precisión (abrir, desmontar, retirar el lector, montar y soldar la placa y cableado según guía) y, sobre todo, pensar el proceso con cabeza. Como alternativa, ya que todavía no me he decidido, he visto que si se prefiere HDD/SSD (con un coste mayor, eso sí), existe Terraonion MODE, que soporta SATA 2.5" y también microSD/USB, y que se vende con kits de instalación específicos según placa. Todo esto, en mi cabeza, tiene una lógica simple: quiero reducir el punto más frágil de la consola (la parte mecánica, ruidosa y con fallos de lectura) y convertir la PS1 en un aparato que enciendes y funciona con menos fricción, sin tener que cruzar los dedos.
Luego vendría la segunda modificación, que es igual de importante para poder usarla hoy en día: vídeo por HDMI con un resultado decente. Lo ideal sería usar un CRT, una tele vieja de tubo, porque la PS1 nació para eso (resoluciones bajas, señal analógica, estética pensada para eso), pero vivir en pisos minúsculos te obliga a aceptar que el romanticismo ocupa metros cúbicos y, por lo tanto, no es algo viable, al menos para mí. Mi solución, por precio y por pragmatismo, no pasa por un escalador premium tipo RetroTINK que se va de precio (de momento), sino por algo más terrenal: he visto que existe un simple adaptador que te saca una señal ya pensada para pantallas modernas y que tiene un precio más o menos razonable. RAD2X se llama. Lo veo como una solución intermedia que puede funcionar sin convertir la intervención en una escalada de gasto. Y si después de eso me quedo con ganas de más (mejor tratamiento de la señal, perfiles, filtros, fine-tuning), entonces ya decidiré si merece la pena ir a por la otra solución más avanzada, pero habiendo resuelto primero lo esencial: que la consola sea usable aquí y ahora. Os iré contando cuando me ponga manos a la obra.
Para cualquiera de las modificaciones de hardware irás viendo que, además de paciencia y tiempo, necesitas un kit mínimo de herramientas. Con él, en cuanto aprendas un poco, verás que empiezas a resolver casi cualquier problema electrónico doméstico con calma. ¿Qué contendría este kit? Pues lo básico es un buen juego de destornilladores de precisión (con puntas raras tipo tri-wing y otras de seguridad), que te abren desde mandos y consolas hasta portátiles, juguetes, pequeños electrodomésticos y cacharros que, de otro modo, parecen sellados por una secta; unas pinzas y un spudger evitan que conviertas cada apertura en un festival de marcas y pestañas rotas; el alcohol isopropílico con bastoncillos y cepillo te arregla el 60% de los supuestos problemas que en realidad son suciedad, óxido leve o contactos cansados; un multímetro barato te da la diferencia entre “está muerto” y “no le llega corriente”; y si algún día te planteas realizar modificaciones del nivel superior, un soldador decente con estaño y flux te permite atacar el otro 40% de problemas (soldaduras frías, cables partidos, conectores que fallan) sin hacer chapuzas. El organizador de tornillos parece un capricho hasta que abres dos cosas seguidas y te das cuenta de que la reparación doméstica es, sobre todo, memoria y orden. Y sí: hay packs muy redondos precisamente con esta filosofía (puntas, herramientas de apertura, palancas, ventosas, pinzas, etc.) que encajan tanto para consolas como para electrónica del hogar (yo tengo uno de iFixit, por si queréis buscarlo).
Fuentes y tiendas útiles (para empezar sin perderte)
ConsoleMods Wiki: una wiki colaborativa centrada en mods, reparación y restauración de consolas, creada para recopilar y preservar conocimiento disperso de las distintas scenes (las comunidades de usuarios que se dedican a esto). Te sirve como mapa inicial para entender qué es viable en cada máquina y qué compatibilidades importan. Tiene información sobre todas las consolas.
RetroRGB: medio técnico (web + podcast/YouTube) dedicado a la escena retro, muy interesante para temas de calidad de vídeo, RGB/HDMI, comparativas y guías. Es útil para no caer en adaptadores basura y entender por qué una consola se ve “mal” en pantallas modernas y cómo arreglarlo.
iFixit: biblioteca enorme de guías paso a paso y desmontajes comunitarios; perfecto para consultar antes de abrir nada y reducir la improvisación. En cada post te da método: orden, herramientas, puntos delicados…
Hacks.Guide: guías mantenidas que documentan, de forma secuencial y actualizada, la instalación de CFW y herramientas homebrew en 3DS/2DS, Wii, WiiU, Vita y Switch. Te sirve como referencia fiable frente a lo relativamente rápido que se quedan desactualizados y obsoletos los vídeos en YouTube. Porque cada consola tiene diferentes modelos, y cada uno tiene un procedimiento distinto. Si la sigues al pie de la letra, reduces muchísimo el margen de error.
ElOtroLado: comunidad y foros veteranos en castellano sobre consolas, videojuegos y tecnología, donde encuentras experiencias reales, problemas recurrentes y soluciones contrastadas por usuarios. Es útil como termómetro: qué falla, qué mods valen la pena y qué trampas evitar. Aunque en los últimos años tienen menos información sobre la scene. Reddit también puede servir para suplir lo que ya no existe en EOL.
También conviene saber que reparar o modificar no siempre es a coste cero: a veces toca sustituir una pieza concreta que ha muerto, un altavoz diminuto que ha dejado de sonar o un componente que ya no da más de sí. Y ahí conviene mirar con lupa dónde y cómo compras, porque muchas de las tiendas con mejor catálogo (las grandes, las de referencia) operan desde Estados Unidos, y el “chollo” se puede convertir en sobrepago entre envío, IVA de importación y gestión aduanera (¡gracias, presidente naranja!). En esos casos, una estrategia sensata es usar esas tiendas como catálogo y guía de compatibilidades (apuntar la referencia exacta) y luego intentar encontrar el mismo recambio por una vía más favorable desde España, a veces incluso en marketplaces como AliExpress, siempre verificando vendedor y modelo. No voy a llenar esto de enlaces para no saturar, pero sí dejo a continuación los nombres de algunas tiendas en las que he comprado alguna vez y que, para este tipo de intervenciones, suelen ser útiles.
Fuera de la UE (¡ojo sobrecostes!), Retro Game Repair Shop y Hand Held Legend son dos tiendas muy potentes para las consolas portátiles: ahí encuentras desde pantallas IPS, carcasas, botones y repuestos hasta kits completos y piezas pequeñas. PixelFX ofrece piezas para salida de vídeo moderna, con kits tipo Retro GEM para sacar una señal digital/HDMI limpia en pantallas actuales. Y AliExpress, como decía, es el gran bazar global donde a veces aparece lo mismo (o equivalentes) a precios muy bajos (pantallas, carcasas, adaptadores, cables, piezas sueltas), pero a cambio de calidad variable, revisiones y compatibilidades, así que hay que comprar con lupa.
Si quieres evitar el “peaje aduanero” y comprar dentro de la UE (o directamente desde España), hay varias opciones: Mod in France es un buen punto de partida para modding serio, con stock de piezas clave como xStation para PS1 y accesorios de instalación para otras consolas; DragonBox Shop funciona muy bien para flashcarts/EverDrive y hardware retro nuevo; RetroReiz es especialmente útil si tu foco son portátiles tipo Game Boy (IPS, carcasas, baterías, piezas pequeñas); Retrocables sirve para todo lo relativo a cables, señal y adaptadores; micompuTer y AMIGAstore.eu te cubren con escaladores de imagen tipo OSSC y similares; y para consumibles y electrónica general (condensadores, flux, estaño, herramientas), TME es la opción industrial europea que te permite comprar como adulto, sin tener que pagar una “tasa retro o nostálgica” que a veces tienen las tiendas especializadas en videoconsolas.
No os voy a engañar, a veces me pregunto si todo esto tiene mucho sentido: el tiempo invertido, el dinero en piezas, la paciencia que exige hacer las cosas bien… Pero luego me doy cuenta de que, para mí, el sentido está precisamente en el proceso. Reparar y modificar me pone en un lugar extraño y agradable: el de aprender algo que no sabía ayer, el de gestionar el desconocimiento, el de entender un poco mejor cómo funcionan las cosas por dentro, el de tocar límites (los del objeto y los míos) sin que nadie me lo empaquete como experiencia de consumo. Y en una época en la que casi todo llega cerrado, sellado, con suscripción y con fecha de caducidad implícita, esa pequeña autonomía técnica (aunque sea doméstica, aunque sea imperfecta) se siente como una ganancia real. Como una victoria.
Sé que hay otras vías, y de hecho también las exploro a veces: dispositivos FPGA que recrean hardware, portátiles emuladoras, recopilatorios oficiales, jugar en una consola moderna o en un PC con shaders y filtros que dejan la imagen preciosa. Todo eso funciona, y el 99% de las veces es más cómodo. Pero cada vez que cojo una consola vieja, la enciendo y “todo está en su sitio” (la respuesta de los botones, el sonido, el ritual mínimo de arrancar algo que ya debería estar muerto) la sensación es otra. Como si el juego no fuese solo el software, sino el encuentro con un hardware que he entendido, limpiado, cuidado y devuelto a su escala humana. Eso no lo consigo igual en ningún entorno moderno, por muy perfecto que sea el escalado de la imagen.
Y con esto cierro: quizá tienes por casa algún aparato en un cajón al que podrías darle una segunda vida tú, o tus hijos, o tus primos, o tus sobrinos. No es imprescindible vivir corriendo detrás de lo último ni jugar siempre al calendario del FOMO. A veces basta con mirar lo que ya es tuyo y entender que muchas cosas no están acabadas: están simplemente abandonadas. Porque ahí está el punto político de todo esto (ni hablando de tornillos puedo parar): tus aparatos son tuyos y ese Super Mario Land va a seguir siendo un juegazo todos los días de la vida. Que el aparato sea “tuyo” debería incluir el derecho a abrirlos, cuidarlos, repararlos y mejorarlos sin pedir permiso ni aceptar el chantaje del fin de soporte como si fuese una ley natural. Que una oficina en California (o donde sea) decida que ya no le sale rentable sostener un dispositivo no significa que haya dejado de ser valioso o útil. Significa que el mercado ha pasado página. Lo demás, si quieres, lo decides tú.
Kojima, te quiero.
4.ª edición del informe de Naciones Unidas Global E-waste Monitor. | Comunicado de prensa: https://www.itu.int/es/mediacentre/Pages/PR-2024-03-20-e-waste-recycling.aspx | Informes completos en: https://ewastemonitor.info/
Directiva (UE) 2024/1799 (DOUE), “normas comunes para promover la reparación de bienes”: texto legal en EUR-Lex y fichas institucionales que fijan el calendario de transposición y aplicación por los Estados miembros: https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=OJ:L_202401799
Web donde aparece recogida esta información: https://gamehistory.org/87percent/ | Estudio donde se detalla la metodología y los resultados: https://doi.org/10.5281/zenodo.8161056
Recuerda, un 87% de juegos fuera del mercado y de circuitos de consumo “legal”.
Se puede, también por software, modificar una PSP o un PS Vita sin mucho esfuerzo.






Con este post ya he sacado mi PSP fat que tenia abandonada e investigando todo lo que puedo hacer con ella. Muy necesaria esta lectura para todes los que tenemos cacharros abandonados en casa sin saber que hacer con ellos. Larga vida a Kiribati
Cada texto tuyo es una alegría.
El de la semana pasada nos ayudó mucho a mi mujer y a mí a sentir que no estábamos solos además lo compartí con mis alumnos y con sus padres y dio lugar a un interesante debate.
Y esta semana parece que me has leído la mente, pues el lunes estuve buscando la PS Vita, La Game Boy advance SP y la Nintendo DS XL para ver de qué manera podría darle una segunda vida y prepararla para mis hijos cuando tengan edad para jugar, porque sí, me niego a comprar más y a empujarlos a un mundo conectado donde su seguridad está en juego.