Toqué fondo en mi profunda y larga depresión en 2012. Recién terminadas las carreras, tras muchos años de dolorosísimo, solitario y silencioso esfuerzo dislexico y con tantos fracasos que solo era capaz de verme capitulos de los soprano uno detrás de otro sin parar. Acababa de llegar de pasar el año más increíble de mi vida en París y verme atrapado en La Cañada fue como atravesarle el corazón. Del Bataclán a ese descampado.
Así que reuni lo que me quedaba del préstamo que pedí y me compré una bicicleta de BTT que me permitiese pedalear tan fuerte y tan rápido que no me importase nada más. Una en la que nadie me paternalizase, me dijese lo que no estaba entendiendo o no estaba haciendo bien. Incluso después de tener un aparatosisimo accidente que me dejó una cicatriz de casi diez centímetros en la cara, nunca lo dejé de hacer, excepto los últimos años.
Al leerte, he vuelto a experimentar toda esa liberación. Aunque en diferido. Si no hubiese comprado esa bici, me habría matado (da igual que sea literal o figuradamente, porque no hubiese salido de allí)
La magia de correr impacta en la cabeza y en el cuerpo. Es un ritual diario innegociable para mí, en el que por esas horas solo somos mis piernas y yo atravesando el mundo.
En este contexto de tecnocapitalismo, hoy todo está disponible a través de Google, IAs y apps. Todo.
Podemos tener el reloj, las zapas, los geles, los suplementos...
Lo único que realmente no podemos comprar es nuestra disciplina de salir todos los días a movernos y resistir ese cansancio físico.
No se puede performar ni aparentar. Y no cualquiera está dispuesto a afrontar kilómetros con subidas, vientos, lluvias, dolores y constantes demandas/estímulos emanando del celular.
Los que estamos de este lado sabemos lo que es vivirlo y no hay como la satisfacción diaria de ponerse una meta y decir, "¡vamos! objetivo de hoy cumplido", para luego seguir con la vida.
Yo no puedo salir a correr sin mi spotify primium que siempre voy escuchando en mi Iphone. Me gusta mucho esa mediación capitalista, me relaja mucho escuchar un buen álbum o un buen podcast. Pero me da asco toda esa cultura burguesa de los runners con sus zapatillas hoka y su ropa super especializada y cara. Esos que ahora se ven en manada y después de correr se van a meter a un café juntos. En los 90 cuando salía a correr al parque de mi barrio en mi país El Salvador, la gente salía a correr con cualquier zapatillas y cualquier ropa, yo corría con convers.
Toqué fondo en mi profunda y larga depresión en 2012. Recién terminadas las carreras, tras muchos años de dolorosísimo, solitario y silencioso esfuerzo dislexico y con tantos fracasos que solo era capaz de verme capitulos de los soprano uno detrás de otro sin parar. Acababa de llegar de pasar el año más increíble de mi vida en París y verme atrapado en La Cañada fue como atravesarle el corazón. Del Bataclán a ese descampado.
Así que reuni lo que me quedaba del préstamo que pedí y me compré una bicicleta de BTT que me permitiese pedalear tan fuerte y tan rápido que no me importase nada más. Una en la que nadie me paternalizase, me dijese lo que no estaba entendiendo o no estaba haciendo bien. Incluso después de tener un aparatosisimo accidente que me dejó una cicatriz de casi diez centímetros en la cara, nunca lo dejé de hacer, excepto los últimos años.
Al leerte, he vuelto a experimentar toda esa liberación. Aunque en diferido. Si no hubiese comprado esa bici, me habría matado (da igual que sea literal o figuradamente, porque no hubiese salido de allí)
Abrazos, Edu. Gracias por leer y pararte a comentar.
Gracias a ti por recordárme que es algo necesario. El libro de Haruki me encantó por cierto. Pero a mí Haruki me encanta.
Echo tanto de menos tener el tiempo para salir. Pero bueno, todo llegará.
La magia de correr impacta en la cabeza y en el cuerpo. Es un ritual diario innegociable para mí, en el que por esas horas solo somos mis piernas y yo atravesando el mundo.
En este contexto de tecnocapitalismo, hoy todo está disponible a través de Google, IAs y apps. Todo.
Podemos tener el reloj, las zapas, los geles, los suplementos...
Lo único que realmente no podemos comprar es nuestra disciplina de salir todos los días a movernos y resistir ese cansancio físico.
No se puede performar ni aparentar. Y no cualquiera está dispuesto a afrontar kilómetros con subidas, vientos, lluvias, dolores y constantes demandas/estímulos emanando del celular.
Los que estamos de este lado sabemos lo que es vivirlo y no hay como la satisfacción diaria de ponerse una meta y decir, "¡vamos! objetivo de hoy cumplido", para luego seguir con la vida.
Gracias por leer y por comentar, y a seguir sumando kms :)
Dejé de correr hace poco más de un año, y ahora, cuando he intentado retomar, no me da la respiración ni para dos kms a trote😞😞😞
Todo por hacerle caso a un médico traumatólogo que pesa 150kg.
Un día 2km, al siguiente 2,5, al siguiente trote y caminar, poco a poco. Se puede. Abrazos!
Sí, tengo pensado aumentar la rutina para arrancar de nuevo.
Gracias🫂🫂🫂
Correr para estarse quieto
Pensaba que saldrías sin móvil, la verdá.
Cuando mis monos de feria no sean tan pequeños, tocahuevos.
Yo no puedo salir a correr sin mi spotify primium que siempre voy escuchando en mi Iphone. Me gusta mucho esa mediación capitalista, me relaja mucho escuchar un buen álbum o un buen podcast. Pero me da asco toda esa cultura burguesa de los runners con sus zapatillas hoka y su ropa super especializada y cara. Esos que ahora se ven en manada y después de correr se van a meter a un café juntos. En los 90 cuando salía a correr al parque de mi barrio en mi país El Salvador, la gente salía a correr con cualquier zapatillas y cualquier ropa, yo corría con convers.