Hoy os quiero contar un poco mi experiencia de estos últimos meses con eso que ahora llaman vibecoding o, en otras palabras, programar cuando no tienes ni pajolera idea de programación. Aunque, para ser justos, esto último no sería del todo cierto en mi caso. Me explico. Nunca estudié programación, ni siquiera tuve una asignatura llamada “Informática” en el cole o en el instituto. No sé cómo me las apañé, pero siempre terminaba haciendo alguna otra optativa tipo Francés o Ecología. Siempre me apasionaron los ordenadores, pero nunca estudié “formalmente” al respecto. Con unos nueve años me compré (huchas mediante y con lo que ganaba tocando en la banda de música de mi pueblo) mi primer PC (un fantástico Pentium MMX a 166 MHz), y casi desde el primer momento empecé a cacharrear. Recuerdo dos libros que DEVORÉ una y otra vez mucho antes de que llegara el ordenador a casa. Dos de la editorial Anaya: Informática para torpes y Windows para torpes, míticamente ilustrados por Forges. Todas las noches me acostaba con ellos, dándoles buenas vueltas. Para cuando llegó el ordenador, el deseo tardó poco en migrar. El PC estaba bien para trastear, pero necesitaba Internet para poder seguir explorando. Con urgencia. Cuando un poco más tarde llegó a casa la red de redes, enseguida empecé a intentar programar pequeñas cositas en HTML (en servicios como GeoCities, miarroba, con dominios .tk…). Todo muy precario: era un preadolescente y tenía cero posibilidades de financiar nada, así que todo tenía que ser gratis, pero eso no me impidió empezar a trastear con código HTML, PHP, bases de datos SQL… y pequeñas cosas que dieron paso a horrorosas webs que mejor ni os enseño, pero que tenían que ver con mis aficiones de cuando era un chavea de la ESO: la música metal, los videojuegos (por aquel entonces, especialmente los JRPG) y el diseño gráfico (hice un montón de tutoriales de Photoshop y de Illustrator en formato texto que compartía en mis infraespacios). Poco a poco, la parte de cacharreo informático fue desapareciendo de mi vida, al menos durante el Bachillerato y la carrera, y no fue hasta años después cuando volví a aficionarme por trastear. Durante un tiempo pensé que iba a estudiar Informática, porque era en lo que más horas empleaba a diario, pero supongo que la vida me llevó a otro sitio y terminé estudiando Música y Pedagogía, que es a lo que me dedico actualmente.
Durante esta última década, sobre todo desde que me compré mi primer NAS y lo monté como servidor doméstico, he ido volviendo, poco a poco, a aprender pequeñas cuestiones de código, a solventar pequeños problemas con la terminal de mis dispositivos, a modificar pequeñas cosas de piezas de software de código abierto para adaptarlas a mis necesidades, pero todo pequeño. Siempre es más trabajo de montar cosas que ya existen que de crear cosas nuevas.
Todo esto, con la llegada de la IA y de las herramientas de código con modelos agénticos, ha cambiado por completo. En un principio, cuando oí hablar de Claude Code, pensé que no era algo para mí, que iba a facilitar el trabajo de los desarrolladores y tal, pero que no iba a aportar gran cosa a mi vida personal, laboral o familiar. Pero cuando hace unos meses me picó la curiosidad y empecé a probar, descubrí que estaba muy equivocado.
Sé que en este Kiribati, casi siempre que he hablado de la IA, lo he hecho desde un punto de vista crítico, escéptico, alabando sus bondades, pero poniendo los puntos sobre las íes en todo lo demás, en todo lo que está afectando a la vida de la ciudadanía global. Hoy, por supuesto, también podría hablaros de esto, pero voy a intentar ceñirme a presentaros algunas de las herramientas/apps/webs que he desarrollado durante estos meses, cómo lo he hecho y por qué. Porque, sin duda, esto que me ha permitido hacer la IA a mí, a una persona sin formación específica en desarrollo de apps o webs, y cuyas nociones son simplemente las de un aficionado (algo entusiasta, eso sí), jamás lo podría haber hecho hace dos o tres años, o habría requerido muchísimo más tiempo y esfuerzo del que he necesitado este año (por lo tanto, por escasez de tiempo, no lo podría haber realizado). Os cuento mis andanzas:
App 1. Kiri to IG
No fue la primera que “programé”1, pero sí es posiblemente una de las que más estoy utilizando. El funcionamiento de la app (que va perfectamente tanto en PC como en móvil) es sencillo. Está al tanto de forma automática (vía RSS) de las publicaciones de Viernes en Kiribati, y cuando sale una nueva la incorpora a su interfaz y permite convertir los posts en imágenes para el Instagram del Kiribati con diseño y marca consistentes. La web me permite acceder a los textos, señalar yo algunas frases o párrafos completos que deseo convertir en imagen, y la app me genera un carrusel de pngs con los fragmentos estéticamente similar, con los logos y el estilo gráfico que quiero, de forma automática. No hay IA alguna dentro de la app: la selección de textos es manual y la elección del diseño para cada carrusel también. Gracias a ella no tengo que usar los diseños horrorosos que facilita Substack para compartir los textos en otras redes, ni depender de plantillas en Canva para hacer algo similar a lo que me sale con esta aplicación vibecodeada en apenas una tarde.

App 2. Finanzas domésticas
Como muchas parejas modernas, mi mujer y yo tenemos cuentas corrientes separadas y también otra en común. Para hacer cálculo de gastos, ajustes de cuentas y demás, durante muchos años usamos Splitwise (siempre en su tier gratuito), y cuando se mierdificó y empezó a pedirnos suscripción para seguir usándola, nos pasamos a un excel alojado en Google Drive y listo. Con el paso de los años, el excel empezó a verse abandonado por ser incómodo de rellenar desde el móvil y bastante feo a la vista. Así que cuando empecé a trastear con Claude Code, tuve muy claro que dedicaría algo de tiempo a hacer una app para controlar las finanzas del hogar instalada en mi servidor: autoalojada y sin tener que pagar nada a nadie (ni con dinero ni con los propios datos de nuestras finanzas).
La app nos permite actuar como dos usuarios distintos, incorporar gastos manualmente y seleccionar si son gastos a compartir o para solo una de las partes. Calcula en todo momento quién debe a quién y cuánto. Y lo realmente innovador frente al excel que usábamos antes: nos permite importar directamente el .csv de últimos movimientos que nos da el banco, y la app detecta los gastos, limpia el concepto, intuye la categoría, omite lo que ya está importado, avisa de coincidencias de fecha e importe y te pregunta cuáles se deben añadir. Puedes ir anotando gastos recurrentes, y la app va aprendiendo de una vez a otra si esos gastos van al 50/50 o para una de las partes, y la siguiente vez se anticipa. Todo de forma interna y también sin IA de ningún tipo. Desde que la tenemos, me ahorro todos esos ratos que echaba comprobando gastos e insertándolos uno a uno en el excel. También fue vibecodeada en apenas una tarde.

App 3. PowaFlex
Esta es la única aplicación “pública” de las que os traigo hoy, y lo es porque está bastante testeada y porque creo que le puede ser útil a casi cualquiera que tenga un servidor doméstico con Plex Media Server instalado y un contenedor Docker con Radarr. Las dos apps anteriores son repositorios privados porque responden exclusivamente a necesidades domésticas que tengo yo (la gestión del IG de Viernes en Kiribati y las cuentas de mi casa) y, por lo tanto, se adaptan solo a lo que yo necesito. Pero PowaFlex es diferente. Parte de mis necesidades y de mis formas de consumir/almacenar cine, pero creo que ha terminado siendo algo realmente útil para quien tenga una forma de usar un servidor doméstico similar a la mía.
¿Qué hace PowaFlex? Sirve como puente entre un servidor de Plex y una instancia de Radarr o, lo que es lo mismo, entre lo que ya se tiene en un servidor y lo que se quiere tener. Es una webapp que funciona como dashboard de gestión de películas, que da estadísticas sobre lo que se tiene y que permite “mejorar” un servidor consiguiendo nuevas películas a partir del calendario de estrenos, de las que compiten en festivales y premios, o a partir de una serie de directores/actores favoritos que podemos ir marcando y de los que podemos ir viendo qué tenemos y qué nos falta. Vamos, una aplicación para amantes (completistas) del cine, que viene a sustituir una tarea manual que llevo haciendo casi una década: estar al tanto de las nuevas películas de mis directores favoritos e ir almacenándolas cuando van apareciendo por los mares del Kiribati, para fines educativos y por lo que pueda pasar en el futuro.
PowaFlex empezó sirviendo solo para ver qué tienes de X directores en concreto y qué te falta de sus filmografías para poder enviarlo directamente a Radarr, pero ahora mismo, tras unas cuantas semanas de vibecoding intenso, es una app hipervitaminada que trabaja no solo con la idea de los directores, sino también con cánones de las mejores películas de la historia del cine, con Letterboxd, con las carteleras, con pelis que vendrán en los próximos meses, con las mejores pelis por países, con las premiadas en los mejores festivales… Vamos, que tal y como la tengo configurada, no necesito tocar nada en el futuro para que las pelis que me interesan vayan cayendo en mi servidor conforme las necesito de forma totalmente automatizada. PowaFlex, por supuesto, no descarga nada ilegal: solo es un puente entre tu servidor y una instancia de Radarr que tienes que tener bien configurada para que la magia suceda. Si la queréis probar, os dejo el link. Dentro del github está todo explicado en detalle.
https://github.com/ForeverRamone/PowaFlex
Otras apps en proceso o descartadas
Trastear con Claude Code genera también las ganas de aprovechar el tiempo, los tokens de la suscripción o lo que sea eso de la inferencia que dicen que estamos gastando. Así que además de estas tres que os he contado, he dedicado tiempo (principalmente la IA en modo semiautomático) a otros proyectillos: desde una web que necesitaba para un curso que tuve que dar en julio, y que me sirvió para compartir materiales y también como ejemplo de cómo puede usarse la IA en pleno año 2026 para crear algo que se adapte 100 % a tus necesidades, hasta un intento de minired social de nichos culturales que estoy desarrollando ahora mismo (ya os contaré más sobre esto), o un proyecto muy chulo que estamos preparando las gentes de Hipersónica y que verá la luz dentro de un tiempo, para el cual estamos usando una web hipercompleta con sistema de usuarios, posibilidad de escuchar un disco de forma sincronizada, mecanismos de votación, exportación de datos, etc. Vamos, una auténtica virguería para melómanos.
También he estado indagando estas últimas semanas en las posibilidades de la IA para dotar de subtítulos en español a cientos de películas que tengo en mi servidor, la gran mayoría descatalogadas y sin ningún tipo de subtítulos en ningún idioma. Para ello he fabricado una app que se encarga de transcribir el audio de las películas con Whisper, o de buscar un subtítulo en su idioma original, para después hacer una traducción del .srt de forma contextualizada. Es decir, la app no traduce el subtítulo línea por línea, sino que primero estudia de qué va la peli y quiénes son sus personajes, y después va traduciendo cada subtítulo utilizando ese contexto. De ese modo, además de traducción, hay interpretación, y el resultado es muchísimo mejor que cuando se hace solo una traducción automática con un servicio de IA.
Para aprovechar los tokens (secando pantanos mediante), también he arrancado otra decena de proyectos que están a medias o abandonados. Muchos de ellos no llegarán a ningún sitio, pero me han ayudado a entender cómo funciona Claude Code como harness, cómo se pueden pedir las cosas para ahorrar en cómputo o cómo podemos conectar la herramienta a servicios como GitHub o Netlify para poder disponer de lo que vamos haciendo de forma más sencilla, nosotros, otras personas o nuestros servidores.
En las últimas semanas, además, las gentes del internet más entusiasta con la IA están viviendo un terremoto con la llegada de software o de servidores MCP que están permitiendo, vía IA agéntica, crear versiones de programas de pago único o de suscripción a través de procesos de recreación de código mediante ingeniería inversa. Los avances en el campo de la emulación de consolas antiguas o de la scene en consolas recientes como la PS5 están siendo impresionantes. Tanto que deben estar temblando en muchas empresas que se dedican a la venta de software. Apuntaos el nombre de REA (Reverse Engineer Anything): lo vais a escuchar mucho en los próximos meses como herramienta para esa ingeniería inversa. Una de las apps que más sensación está creando es la suite ArtCraft, que, a pesar de no ser igual al 100 %, ha recreado con nuevo código (casi) todas las funcionalidades que podemos encontrar en la suite creativa de Adobe. Sí, tenemos una versión funcional open source de Photoshop, de Illustrator… ¿Es este el fin de la compra de software vía suscripción? Puede ser. Si quieren saber más, lean a gente como Antonio Ortiz que sabe de esto mucho más que yo.
Evidentemente, en todo esto operan una serie de problemas legales y de robo de la propiedad intelectual, y queda la pregunta de si esto es sostenible en el tiempo o si todas estas apps van a dejar de ser actualizadas y, por lo tanto, van a ser siempre peores que sus alternativas comerciales. Pero ahí es donde creo que entra en juego que ese código se esté publicando y sea ahora de acceso abierto. Si algo nos ha demostrado la comunidad entusiasta de desarrolladores durante décadas, es que los proyectos útiles difícilmente mueren si se libera su código. Casi siempre hay gente que está dispuesta a continuar el camino y trabajar altruistamente por el bien común.
No tengo muy claro dónde se situará la industria de la IA dentro de unos meses. Su carrera de desarrollo cambia tan rápido que prácticamente cada trimestre el escenario parece otro, y lo que hoy os cuento prácticamente como algo mágico o como una fantasía inimaginable hace unos años, dentro de poco tiempo puede estar obsoleto. Así que iremos viendo. De momento, siempre que uno no se pare demasiado a leer la letra pequeña de todo esto (la del consumo de recursos, la de la privacidad de los datos, la del control de la información, la del robo de propiedades intelectuales…), parte del camino está siendo fascinante, al menos desde el punto de vista del aprendizaje. Aquel Ramón que se dormía abrazado a su Informática para torpes estaría flipando. El de ahora también, pero con las reservas que siempre os cuento.
Abrazo a todas y a todos.
Las comillas son intencionales. Sería injusto decir que he programado. Salvo alguna pequeñísima cosa que he modificado, todas las líneas de código las ha planteado Claude Code haciendo caso a mis instrucciones.






